El morrocoy púrpura

El morrocoy púrpura

Periódico poco serio, que dice la verdad.

Número 1 Domingo 30 de noviembre de 2025
Equipo editorial: Zulay Pérez, Juan Guerrero, Ramón Sangrona

editorial

Al adentrarnos en la historia, no siempre encontramos verdades absolutas, sino versiones. Nuestro propósito hoy es tender un puente entre tres voces del pasado que, en conjunto, nos revelan la compleja y controvertida historia del encuentro entre dos mundos.

Comenzamos con “Los escritos del siglo XV de Cristóbal Colón”. Sus cartas y diarios son el primer acto de esta epopeya. En ellos, la maravilla y la ambición se entrelazan. Colón pinta un “Nuevo Mundo” de una belleza virgen y exuberante, pero también de una aparente inocencia que, a sus ojos, clamaba por ser poseída y evangelizada. Sus palabras son el germen de todo lo que vendría: la promesa de riqueza infinita y la justificación de una empresa que, para millones de habitantes originarios, se convertiría en una catástrofe. Leer a Colón es presenciar el momento inicial, cargado de un asombro que ignora la profunda herida que está a punto de infligirse.

Fue sobre el camino abierto por Colón que cabalgaron hombres como el capitán Diego Hernández de Serpa. Sus “hazañas valerosas”, celebradas en su época, encarnan la segunda fase: la conquista militar. Serpa no fue un explorador que miraba con asombro, sino un soldado que actuaba con determinación.

Finalmente, surge una tercera voz, más reflexiva y literaria: «Elegía de varones ilustres de Indias» de Juan de Castellanos. Este poema épico monumental intenta hacer algo profundo: darle un sentido y una memoria a todo lo ocurrido. Castellanos no solo lista hazañas; intenta crear un panteón de héroes, uniendo la figura del soldado con la del evangelizador y el fundador. En su obra, las acciones de hombres como Serpa son elevadas a la categoría de leyenda. Sin embargo, la «Elegía» también es un testimonio de su tiempo: un intento por justificar y dotar de nobleza una empresa colonial, mezclando la admiración con una elegía por un mundo que, para bien o para mal, había cambiado para siempre.

No son historias separadas, sino capítulos de una misma saga. Nos invitan a leer la historia sin la tendencia a reducir la realidad a una oposición radical entre lo bueno y lo malo, sino a comprenderla en sus matices. A preguntarnos: ¿quién escribe la historia? ¿Para qué y para quién se escribe?

Al publicar estas reflexiones en nuestro pequeño periódico, revisamos la «valentía» de los vencedores, pero también abrimos un espacio para honrar a los vencidos, cuyas voces a menudo fueron silenciadas en estos mismos relatos. La historia, al fin y al cabo, es un espejo en el que debemos mirarnos con ojos críticos y corazón abierto.

La Redacción

¿De verdad la descubrió?

¿Fue el primero en llegar a América?

¿Qué tal si en algún momento te tomas un tiempito en revisar algunas culturas polinesias?

Encontraron en Chile huesos de gallinas polinesias de la época precolombina.

Por supuesto, no intentamos restarle méritos a Cristóbal Colón que, a juicio de Europa, sí descubrió nuevas tierras, aunque con gente dentro de ellas.

El mismo Cristóbal, también dijo algunas mentirillas, pero no tienes que creernos a nosotros, lee lo que le escribió a  Sus Altezas.

en ueinte dias pasé a las Indias con la armada que los illustríssimos Rey e Reyna, nuestros señores, me dieron, donde yo fallé muy muchas islas pobladas con gente sin número, y dellas todas he tomado posesión por Sus Altezas con pregón y uandera rreal estendida, y non me fue contradicho”.

Ahora, vayamos a las matemáticas: partiendo del puerto de Palos el 3 de agosto de 1492 y arribando el 12 de octubre del mismo año a una isla caribeña, se infiere que  Cristóbal Colón tardó 58 días en llegar a América y no «ueinte dias» como mencionó el Genovés.

Pero vamos a asegurarnos: 

  • Fecha de partida: 3 de agosto de 1492.
  • Fecha de llegada: 12 de octubre de 1492.
  • Duración del viaje: 58 días.
  • Lugar de partida: Puerto de Palos, España.
  • Lugar de llegada: Isla de Guanahaní (ahora parte de las Bahamas).

En el siglo XV, Cristóbal Colón escribió varios textos fundamentales desde su perspectiva como explorador y navegante, siendo los más destacados sus cartas y diarios de viaje. El primero y más importante de estos escritos es la carta que Colón dirigió en marzo de 1493 a los Reyes Católicos, así como a Luis de Santángel, en la que anuncia oficialmente el “descubrimiento” de las nuevas tierras americanas luego de su primer viaje. ​

En estas cartas, Colón relata sus impresiones sobre las nuevas tierras, describe a la gente que encontró, las riquezas naturales y su deseo de evangelizar a los habitantes. Además, detalla las dificultades del viaje, las decisiones tomadas y hace énfasis en lo que considera logros y oportunidades. Estos escritos eran tanto crónicas personales como informes destinados a conseguir el respaldo y reconocimiento de la Corona, así como justificar nuevas expediciones. ​

También se destacan sus diarios de a bordo, donde Colón anotaba cotidianamente los acontecimientos de la travesía, los obstáculos, el trato con la tripulación y las observaciones sobre las costas y pueblos indígenas. Estos textos no solo tienen valor histórico, sino que ofrecen una visión directa de los objetivos, creencias y expectativas de los europeos sobre el continente americano a finales del siglo XV. Algunos de estos manuscritos han llegado hasta nosotros mediante copias y resúmenes hechos por cronistas como Bartolomé de las Casas. ​

Por todo esto, los escritos de Cristóbal Colón del siglo XV son fuentes clave para comprender el inicio de la era de los descubrimientos, el contacto entre Europa y América y el pensamiento de ese personaje histórico.

Por lo demás, su publicación constituyó, intencionadamente o no, una extraordinaria operación de propaganda gracias a la recién inventada imprenta. ​ En este sentido, la consecuencia más inmediata fue que la difusión de la noticia del Descubrimiento se convirtió en la más rápida y universal de todo el siglo XV y parte del XVI. ​

La carta a Santángel dedica largos párrafos a las islas descubiertas y las costumbres de sus habitantes, pero omite información importante sobre el viaje: cuántos barcos formaban la expedición, cuándo partieron, qué ruta siguieron y cuándo emprendieron el viaje de vuelta. Aunque es lógica la omisión de algunos de estos datos por estar la carta dirigida a personas de las que Colón sabía que los conocían bien, además, algunos de los datos que proporciona contradicen a otras fuentes, por ejemplo, en lo referente a la duración del viaje de vuelta o la fecha de la llegada a Lisboa.

En la introducción Colón afirma que pasó a «las Indias» (al «mare Indicum» según la carta en latín) y que tomó posesión de las tierras halladas. También menciona la duración del viaje de ida: 20 días en la versión en castellano y 33 en la latina.

Los actos y hazañas valerosas del capitán Diego Hernández de Serpa. ¿Un héroe?

La obra

Los actos y hazañas valerosas del capitán Diego Hernández de Serpa es un poema épico del Siglo de Oro hispánico, compuesto por Pedro de la Cadena hacia 1564, que narra y exalta las campañas y servicios del capitán Diego Hernández (o Fernández) de Serpa. Es un texto poco estudiado, pero relevante porque muestra cómo la épica funcionaba como instrumento de prestigio social y de legitimación política dentro del proyecto imperial español.​

Hablemos de Diego Hernández de Serpa

Diego Hernández (o Fernández) de Serpa fue un conquistador vinculado a Cubagua y Cumaná, que participó en la defensa de Nueva Cádiz frente a piratas, en expediciones por el Caribe y en campañas hacia El Tocuyo y Nueva Segovia (Barquisimeto). Tras una larga carrera de servicios militares, obtuvo de Felipe II en 1568 la capitulación para conquistar y poblar la provincia de Nueva Andalucía, con capital en Nueva Córdoba (Cumaná), como base para la conquista de Guayana y la búsqueda de El Dorado.​

​Sus actos representan la espada y la sangre, la fundación de ciudades sobre el sometimiento, la valentía feroz del conquistador que, desde nuestra mirada actual, no puede separarse de la crueldad y la destrucción cultural que trajo consigo.

¿Era un héroe? Para la Corona española, sin duda. Para las naciones indígenas que resistieron su avance, probablemente fue todo lo contrario.

La obra Los actos y hazañas valerosas del capitán Diego Hernández de Serpa, atribuida a Pedro de la Cadena y compuesta en la segunda mitad del siglo XVI, constituye un testimonio singular de la articulación entre épica, conquista y proyecto imperial en el oriente venezolano.

A través de la exaltación de Diego Hernández (o Fernández) de Serpa, el texto inscribe la experiencia de la conquista de Nueva Andalucía y Guayana en el modelo heroico del Renacimiento hispánico, donde la figura del capitán se erige en emblema de valor, lealtad y servicio al rey.

El objetivo de este artículo es ver la obra como pieza de la tradición épica y, al mismo tiempo, como documento ideológico que contribuye a legitimar la expansión española en el espacio que hoy corresponde al oriente de Venezuela.​

La obra como poema épico del Siglo de Oro

El poema se inscribe en la tradición de la épica renacentista hispánica, que adapta modelos clásicos y medievales a las nuevas realidades de la expansión ultramarina. Así, Los actos y hazañas valerosas del capitán Diego Hernández de Serpa reproduce procedimientos típicos del género: exaltación del héroe, narración de campañas militares, énfasis en la gloria, la fama y la memoria, así como invocaciones a la autoridad del rey y de la fe cristiana.

Más allá de su valor artístico, la obra debe leerse como un texto funcional, situado entre la literatura y la documentación política, que construye una imagen idealizada del capitán. La épica se convierte en un recurso retórico para ennoblecer episodios de conquista marcados por la dureza de la guerra de frontera, suavizando o reordenando la experiencia de la violencia bajo el marco narrativo de la “hazaña valerosa”.

Épica, violencia y conquista en la representación de las “hazañas valerosas”

En el poema, las acciones de Serpa se presentan como gestas heroicas orientadas a garantizar el dominio cristiano y la obediencia al monarca, en un espacio descrito como salvaje, peligroso y necesitado de “pacificación”. Los enfrentamientos con poblaciones indígenas y las dificultades del territorio son reconfigurados como pruebas que confirman el valor, la prudencia y la tenacidad del capitán, integrando la violencia de la conquista en un relato de sacrificio y servicio.​

Este tratamiento épico opera sobre dos planos: por un lado, magnifica la figura de Serpa mediante hipérboles «heroizantes»; por otro, reduce la complejidad de los sujetos indígenas a tipos generales, ya sea como enemigos a vencer o como potenciales vasallos a incorporar al orden cristiano. En ese sentido, la obra revela tanto los mecanismos literarios de la épica como su función ideológica: transformar la experiencia conflictiva de la conquista en una narración de legitimidad, donde la violencia se presenta como necesaria, justa y orientada a un fin superior.​

«Pacificador»

juan de castellano. Elegía de varones ilustres de Indias 1589

Autor y contexto histórico

Juan de Castellanos (1522-1607), nacido en Alanís (Sevilla) y radicado en Tunja (Nuevo Reino de Granada), fue cronista, sacerdote y testigo ocular de la conquista. Su obra se inscribe en la tradición de las crónicas de Indias, combinando historia con elementos épicos, basada en fuentes como Gonzalo Fernández de Oviedo, para narrar empresas colonizadoras en el Caribe, Venezuela y Colombia. Castellanos enfatiza hechos verificados, rechazando ficciones, lo que refleja su rol como beneficiado eclesiástico y su experiencia en fundaciones como Valledupar.​

Estructura y contenido

La Primera parte de las Elegías de varones ilustres de Indias, impresa en Madrid por la viuda de Alonso Gómez, comprende once elegías (1577-1582) sobre el descubrimiento (Colón, Ponce de León) y conquistas de Trinidad, Cubagua y Margarita. La obra completa, con 113.609 versos en 148 cantos y 22 elegías divididas en cuatro partes, relata riesgos, hambre y proezas de conquistadores, incluyendo catálogos de beneméritos y un discurso de Francis Drake (censurado en 1847).

Importancia literaria

Considerado el poema épico más largo en español, fusiona elegía renacentista, épica y novela pastoril, sirviendo como enciclopedia de géneros y crónica con descripciones de indígenas, naturaleza y la primera mención escrita de la papa en Colombia. Relacionado con la «economía de mercedes», exalta colectivamente a veteranos novogranadinos para reclamos reales. Su valor historiográfico perdura en ediciones como la de 1962 (Biblioteca Nacional de la Historia​

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el oro de Venezuela o la Tierra de Gracia
De cómo doña Zulay del Sol De Páez y Pérez se adjudicó 230 Maravedíes en La Ópera:  UPEL, un solo canto.
Algo acerca de don Juan Guerrero y Cachima y el comercio de Vinagre de manzana.
De como don Ramón de los Sangrona intentó caminar con un par de alpargatas.
Además... Las bellas indígenas o "indias" de las que descenderán reinas de belleza.
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